Lágrimas de Siddartha

Rocas encalladas

Detrás, vendedores ambulantes anuncian coctel de camarón, raspaos, pastelitos, carpas que esperan por ser ocupadas. Al frente, el Mar Caribe.

El viento golpea mi rostro y seca las partes de mi cuerpo que siguen húmedas. Mis pies se mueven lentamente y sienten casi a la perfección la arena endurecida por los residuos de las olas que a duras penas llegan hasta mi.

El cielo advierte con un color oscuro y triste que pronto dejará caer gotas, que se unirán con las olas del mar, como un ejercito de refuerzo para darle mayor potencia a sus ataques contra la costa.

En el mar hay veleros, una canoa que lleva gente hacia una nueva experiencia.

A lo lejos, por un lado, se ven edificios de muchos pisos cuyos dueños no viven cerca. En su lugar, habita gente que vive lejos. Al otro lado hay una isla lejana a la que más de una persona juraría poder llegar nadando, sin duda alguna obviando la gran distancia a la que se encuentra.