Cuando duermo no pienso en nada, no obtengo nada, no aprendo, no disfruto. Todo se torna oscuro e insensible, lo mas parecido a perecer. Supongo que es el entrenamiento perfecto para cuando la caricia de la mortalidad roce mi mejilla el día de mi partida.
Cuando duermo pierdo tiempo valioso y luego me despierto con dolor de cabeza y fatiga. Me despierto más cansado que antes y con ganas de seguir durmiendo, aunque ya no pueda, aunque más bien no deba.
No sé por qué disfruto tanto dormir, quizá sea un medicamento, quizá sea para olvidar el beige de tu bolso y la tela de tu blusa señorial.